Un día para conocernos de verdad: así fue la jornada de equipo de Canal Alternativo
Hay días en el calendario que no generan ningún informe, no cierran ningún contrato y no tienen KPIs asociados. Y sin embargo, son de los más importantes del año. El 11 de junio fue uno de esos días para el equipo de Canal Alternativo de Nasertel.
Un equipo que creció más rápido de lo que pudo verse
Abril de 2026 trajo consigo una de las novedades más importantes para Nasertel en lo que va de año: la incorporación de nuevas zonas de actuación en Lleida, Girona y Barcelona. Una expansión que llegó con ilusión, con compañeros nuevos y con las ganas propias de quien empieza algo.
Desde entonces, el equipo de Canal Alternativo ha funcionado. Las reuniones online han mantenido el ritmo, la comunicación ha fluido y los resultados han ido llegando. Pero había una realidad inevitable: muchos de estos compañeros nunca se habían visto en persona. Habían compartido pantalla, voz, documentos y objetivos — pero no un café, no una mesa, no un momento sin agenda.
Y eso, aunque no siempre se verbaliza, se nota. Se nota en la confianza, en la naturalidad con la que se pide ayuda, en esa comodidad que solo aparece cuando ya has compartido algo real con alguien.
La decisión: juntarse, sin más excusa que esa
No hacía falta una presentación de resultados ni una revisión estratégica para justificar el día. La excusa era la más honesta de todas: llevar meses trabajando juntos sin haberse conocido de verdad.
Así que se organizó la jornada con un objetivo claro — aunque en apariencia no tuviera ninguno. Valencia como punto de encuentro, agenda intencionadamente ligera y la premisa de que el día fuera más lúdico que laboral. Porque a veces la mejor forma de avanzar como equipo es dejar de hablar de trabajo durante unas horas.
Angora: el secreto de los 4 ancestros
La mañana arrancó en Moment Escape, con una de sus experiencias más exigentes: Angora, El secreto de los 4 ancestros. Una sala de Hall Escape ambientada en el año 683 d.C., en pleno reinado maya del rey Pakal, en Chiapas. La misión: descifrar las inscripciones de una cámara oculta, reunir el poder de los cuatro elementos y devolver la magia a un pueblo que lo perdió todo hace siglos.
Suena épico. Y la verdad es que lo fue.
Pero lo que hace especial a esta experiencia no es solo la ambientación — es el formato. No se trata de escapar de una sala. Se trata de competir por equipos, con un Game Master que forma parte de la propia misión y está dentro de la sala en todo momento. 75 minutos, dificultad alta, entre 12 y 24 jugadores divididos en grupos de hasta cuatro personas.
Y ahí estaba la clave para el equipo de Canal Alternativo: los grupos se mezclaron a propósito. Nada de agruparse con los de siempre o con los que ya te conoces. Personas de zonas distintas, de perfiles distintos, que hasta ese momento solo se conocían por el nombre en una videollamada, ahora tenían que colaborar bajo presión para cumplir una misión conjunta.
Setenta y cinco minutos de acertijos, decisiones rápidas, más de un callejón sin salida y momentos de caos total que, paradójicamente, son los que más unen. Porque cuando estás bajo presión — aunque sea la presión ficticia de una aventura maya — la gente muestra cómo es de verdad: quién lidera, quién escucha antes de actuar, quién entra en pánico con el primer enigma y quién encuentra la solución cuando nadie más la ve.
En esos 75 minutos se aprende más sobre cómo piensa alguien que en semanas de reuniones. Se crea una historia compartida — aunque sea pequeña, aunque sea de magia y ancestros — y eso es exactamente lo que un equipo necesita para dejar de ser un conjunto de personas y convertirse en algo más cohesionado.
Salieron de allí ya distintos a como entraron.
La comida: el momento donde ocurre lo importante
Después de Angora, mesa larga y tiempo de sobra. Sin presentaciones, sin turnos de palabra, sin ningún punto del día que cumplir.
Este tipo de comidas tienen algo especial. La conversación no la conduce nadie — salta sola, de un tema a otro, del trabajo a los planes personales, de las anécdotas de la mañana a las historias de cada zona. Y en ese saltar sin orden aparente es donde la gente se conoce de verdad: no por lo que dice sobre el trabajo, sino por cómo habla, por lo que le hace reír, por las preguntas que hace cuando no tiene que demostrar nada.
Son las conversaciones que no generan actas pero que cambian la dinámica de un equipo.
La tarde: desconectar juntos también es parte del trabajo
Para cerrar el día, el equipo se quedó por Valencia. Algo tranquilo, sin prisas, disfrutando de la ciudad y de la compañía. Un cierre de jornada que no necesitaba más estructura que esa — estar juntos, sin agenda, sin objetivos pendientes.
Y eso, que en el ritmo habitual del día a día puede parecer un lujo, es en realidad una de las cosas más valiosas que puede hacer un equipo. Desconectar juntos también construye. Tal vez más que muchas reuniones de seguimiento.
Lo que se llevó cada uno a casa
Nadie volvió con un dosier de conclusiones ni con tareas asignadas. Pero cada persona del equipo volvió sabiendo algo que antes no sabía del todo: quién hay detrás de cada nombre, cómo piensa esa persona, de qué se ríe, cómo reacciona cuando las cosas se complican.
Y eso, aunque no aparezca en ningún informe, es lo que hace que un equipo funcione de verdad cuando llegan los momentos difíciles. La confianza no se construye en las presentaciones. Se construye en los días como este.
El equipo de Canal Alternativo de Nasertel salió de Valencia siendo el mismo equipo — pero conociéndose un poco mejor. Y a veces, eso es todo lo que hace falta.

